ARTES PLÁSTICAS vs. DISEÑO GRÁFICO (una guerra absurda)


Este artículo intenta poner en evidencia la profunda falsedad que se esconde detrás de la pretensión de separar al diseño de las artes plásticas.

Es reiterativa la negación a aceptar la relación entre plástica y diseño en el discurso de muchos diseñadores. Esta relación, obvia en el nacimiento de la disciplina, se reitera hoy con gran énfasis en el diseño contemporáneo y posmoderno, opuesto al ideal de la modernidad, cuyos preceptos aún hoy se manifiestan solapadamente en esa resistencia.

La obstinación con que se intenta separar al arte del diseño, es directamente proporcional a la magnitud de un error en el que recurren muchos diseñadores, que intentan disociar artificialmente ambos conceptos. Para ello intentan esbozar las definiciones de arte y diseño, para compararlas y señalar las diferencias. El error sin embargo no surge, como podría pensarse, de una mala definición del concepto de diseño sino, por el contrario, de una definición incorrecta del concepto de arte. Cuando algunos diseñadores intentan establecer la diferencia entre el arte y el diseño, mencionan las diferentes condiciones de partida de cada uno. El diseño, dicen, parte de un encargo, de un cliente que pide la resolución a un problema, el diseñador será poco más que una herramienta para solucionar este problema de comunicación. El arte, en cambio, está para ellos motivado por la necesidad de auto-expresión del artista. Algunos incluso llegan a negar la influencia del mercado sobre la obra de arte, como si la obra artística fuera una entelequia evanescente y sin vida formal. Esto es, por supuesto, falso.

La obra artística está sometida a un mercado y a un tráfico particularmente impuesto. No escapa a esta lógica, a pesar del contenido espiritual que, en el mejor de los casos, y no siempre, la fundamenta. Por otro lado, es ridículo limitar la mirada de la obra artística al concepto post-romántico, que propone la libre expresión del autor por sobre los encargos de un hipotético cliente. Ni la historia del arte comienza en el siglo XIX, ni el perfil del artista fue siempre el estereotipo que se erigió en esa época: rebelde y maldito, alejado de la realidad y del mercado. Durante miles de años el artista vivió de los encargos de los más diversos clientes, desde la Iglesia a la corona, desde la aristocracia a la burguesía. Limitar la definición del arte a lo ocurrido en los últimos cien años es un gran error. Las obras que llenan Iglesias y museos fueron encargos de mecenas muchas veces más intransigentes e incomprensivos que el peor de los clientes actuales; sería interesante poder preguntarle a Miguel Angel los detalles de por qué pintó la Capilla Sixtina.

En efecto, el artista también tiene que tratar con un cliente, y en la actualidad continúa haciéndolo. Sigue prestando atención al mercado, y sigue estando condicionado por él. Sin embargo, el mundo del arte no hace una religión del “trato con el cliente”, como ocurre en el diseño. Todo quien lleve a cabo un trabajo sin relación de dependencia o autónomo, tendrá que eventualmente enfrentarse con un cliente. Pero esto le ocurre tanto a los pintores, los arquitectos, los ingenieros o los ferreteros; y ninguna de estas profesiones u oficios hacen de este problema un concepto central de su disciplina. El diseño, aunque parezca insólito, sí lo hace. Y esta centralidad de la discusión sobre conceptos que tienen su valía, pero que han de ser tomados por la lógica de su propio peso como secundarios, dejan de lado cuestiones esenciales para el diseño, como la creatividad, que sí debería ser central.

Efectivamente, la mecánica de trabajo del diseñador tiene puntos de contacto con la del artista plástico, las cuales son fácilmente reconocibles para quien haya frecuentado ambas disciplinas. Y es que la elaboración de una pieza gráfica o visual, con las diferencias específicas que cada tipo de pieza supone, posee una instancia de creación similar a la de, por ejemplo, una pintura. Esta afirmación, que algunos pueden llegar a considerar en extremo aventurada, es evidente cuando analizamos el proceso del diseño (el proceso del diseño en sí, no su producción).

Tanto en el proceso artístico como en el del diseño, existen una serie de decisiones que apelan a la subjetividad del individuo, sin que éste, pese a las recomendaciones de objetividad de numerosos profesionales en el caso del diseño, pueda sustraerse a afrontar tales responsabilidades. Estas decisiones enfrentan al diseñador con la posibilidad y la obligación de transitar un campo donde las certezas son lamentablemente inexistentes.

Tomemos como ejemplo el color. Un trabajo de diseño puede sugerir por sus características, las del cliente, o las del producto, una paleta de color de clave alta, media o baja, si se busca un efecto formal, clásico o, por el contrario, dinámico y moderno. Esta sugerencia será, en general, bastante pobre, cuando se trata de un producto sin un sistema gráfico completo que lo anteceda y lo apoye. Por tanto a la hora de la elaboración de la paleta de colores, para completar este faltante, el diseñador deberá forzosamente tomar decisiones de índole y gusto personal. Lo mismo ocurre con otros recursos que completan la estructura de un diseño y que tal vez puedan pensarse secundarios, como filetes, fondos, etc., pero que tienen que ver con el gusto del diseñador y, en el peor de los casos, con la moda o tendencia del momento.

Negar la importancia de este margen de decisión personal es negar el sello que cada diseñador le pone a lo que hace, a pesar de que muchos renieguen de ello. Por más que se intente mediante los empujones de la racionalidad, comprimir y minimizar ese margen de subjetividad, este existirá siempre. Tal ambición de objetividad es por tanto inconsistente.

El diseño racionalista propone sustraerse a sí mismo en el lance, hasta amordazar la subjetividad, pensar solamente en el intérprete. Si eso fuera posible, y existiese una “buena forma” para cada clase de mensaje visual, una forma objetiva, contaríamos con un repertorio limitado y reglado de formas “perfectas” de comunicación segura. Este repertorio de ideales platónicos —como la pintura japonesa que es un sistema de signos reglados con una forma específica de pintar un bambú, una forma de pintar una montaña, etc.— sería como una biblioteca a la cual acudir al momento del encargo de un trabajo, y un diseñador sería poco menos que un tipo con buena memoria. Afortunadamente este absurdo, que es el resultado al cual se llega si se llevan al extremo las pretensiones racionalistas, es impracticable.

En la actualidad, los supuestos racionalistas han sido devaluados merced al embate de filosofías o post-filosofías, la prevalencia de la legibilidad se ha desdibujado en pos de una relativización de los hallazgos —siempre dudosos— de las teorías perceptivas, y la proliferación de antojos y caprichos de autor son en el diseño parte del horizonte establecido. Por tanto, la diferencia comunicacional entre la plástica y el diseño se torna completamente difusa al contemplar los resultados del diseño contemporáneo.

Si bien las diferencias entre las dos disciplinas son bien marcadas cuando consideramos la función de cada una —la supuesta obligación del diseño de “intentar”, por todos los medios a su alcance, comunicar una idea de forma tal de evitar en lo posible la libre interpretación, fenómeno opuesto y deseable en la plástica— cuando contemplamos muchas de las aplicaciones del diseño actual, advertimos una abundancia de juegos formales muy diferentes a las ideas que, a priori, podemos tener acerca de una comunicación “clara”, que nos remiten al libre vuelo de una creatividad de raíz puramente artística. Quien compara una de estas piezas de diseño con un producto artístico, encuentra tras el paréntesis histórico de la modernidad, una riqueza formal que las emparenta.

Hoy, el divorcio del arte y diseño es inadecuado y contraproducente. Por el contrario su contacto debería profundizarse. Al traer los significantes desde el campo del arte, el diseño olvidó también apropiarse de sus significados, de las teorías que los sustentaban. El diseño extraña en la actualidad una teoría y muchos autores coinciden en este punto: la teoría del diseño es endeble. Resignarse a perder la del arte, negando su influencia, es un precio demasiado alto que el diseño debe pagar por una independencia injustificada. Sin embargo, tampoco bastará con que el diseño se apropie solamente de las teorías surgidas del arte. Deberá interesar otros campos, la sociología, la psicología, la filosofía y la lingüística, entre otros —algunos ya fueron transitados, a veces no con demasiada suerte o buenas intenciones. Es perentorio que el diseño elabore su propia teoría. Aceptar su herencia y su faceta artísticas, sería un buen comienzo.

Este artículo es propiedad de: http://www.foroalfa.com

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Acerca de kailep

soy kailep, tengo 21 y soy estudiante de la carrera de diseño gráfico en Morelia. Mayo 2010: soy kailep, tengo 23 y trabajo en una imprenta de Morelia. Junio 2010: soy kailep, tengo 23 y estoy estudiando en Digital Invaders. Octubre 2010: soy kailep, tengo 23 y estoy trabajando en una agencia en Saltillo. Marzo 2011: soy caleb, tengo 24 y soy Director de Arte en Monterrey. Julio 2012: soy caleb, tengo 25 y ahora soy Director Creativo en el DF Agosto 2013: soy caleb, tengo 26 y sigo de Director Creativo en el DF Septiembre 2014: soy caleb, tengo 27 y soy Director Creativo en Quito, Ecuador.

15 pensamientos en “ARTES PLÁSTICAS vs. DISEÑO GRÁFICO (una guerra absurda)

  1. hey estoy agradecido con esto que lei, me gusta y siento que una explicacion positiva a lo que hoy en dia enfrentamos… en el area del diseño grafico.
    actualmente voy a pasar portafolio de diseño, y apenas ayer dijeron que no pensemos en soñar que tenemos que seguir normas y reglas, y que un diseñador no es un artissta y todo lo falso que dicen, y no tengo como defenderme para expresar mi concepto de diseño porque son muy cerrados, pero esto esta muy interesante , lo voy analizar bien y me va servir para defenderme, muchas gracias:)

  2. siento tambien lo que me dijo alguien ahora, es que la diferencia sera… en el tipo de mensaje que se transmite y es que me explico que un diseñador comunica un mensaje objetivo y un artista en la mayoria de los casos, subjetivo, pero un artista puede aplicar sus cualidades a un diseño, para mi no hay problema…

  3. digamos que la subjetividad y objetividad en relación al diseño gráfico es algo meramente conceptual donde no se puede definir con exactitud de que lado se encuentra el diseñador, digamos que para ciertas campañas y para ciertas áreas la subjetividad del diseñador es decir “desde su punto de vista” tiene un impacto entre las formas, composición y colores que se generen para encontrar la relación con la persona o público al cual va dirigido, la objetividad digamos que es tomado como un termino donde el diseñador “friamente” analiza y soluciona un problema de comunicación, donde la interpretación no puede ser dejada al azar, en conclusión la objetivdad y subjetividad del diseñador siempre van de la mano, siempre estan en continuo acto de presencia, la diferencia con los artistas, es de que nuestro fin es directo, preciso, sin errores, “QUIERES VENDER FELICIDAD, TE HARÉ UN DISEÑO QUE LO REPRESENTE, QUIERES TRANSMITIR ODIO TE HARÉ UN DISEÑO QUE LO REPRESENTE” mientras que el artista le importa un comino si entienden o no su obra y que la mayoria de veces está cargada de tecnicismos existencialistas bastante aburridos (en lo contemporaneo).

    • El articulo me parece muy acertado en el analisis sin embargo y por conviccion propia como artista plastico, el arte como disciplina entendida, mediada y generada a partir de una necesidad comunicadora, creadora y expresiva del artista, jamás debe ser definido desde las exigencias o corrientes del mercado, el cual no pasa de ser un intercambio de valor y no de uso, un mecanismo de intercambio de mercancias… igualmente mi labor como diseñador grafico vale en tanto comparte y se retroalimenta de esa relacion con las llamadas artes puras…
      Yo comprendo la disciplina del diseño grafico como una manifestacion o una disciplina del arte, desarrollada por las nuevas tecnologias de comunicacion masiva. Ademas si nos vamos a la terminologia, al decir diseño, no se puede encerrar la palabra solo al concepto de diseño grafico como hoy se entiende, sino que, por ejemplo, un pintor diseña su cuadro, un escultor diseña su obra tridimensional, etc… por tanto todo depende de las aplicaciones de las diversas tecnicas del arte…

      Es cierto, no existe una teoria bien estructurada de diseño grafico como tal, pero hay que pensar, hasta que punto es posible dar con una eficiente y real? Creo mas bien que deberia definirse como una tecnica del arte, asi como como las tecnicas plasticas estan basadas en una teoria general o teorias (dependiendo del espacio temporal o fisico) se han postulado para definir un camino en sus manifestaciones.

      Notese que hasta el momento he hablado de diseño, como tal, sin mencionar sus aplicaciones o interacciones con el mercado y la relacion con clientes y demas, que aunque son innegables en el campo especifico del diseño grafico actual como profesion, tampoco lo son para el arte, como se menciona en el articulo…si lo pensamos un pintor puede perfectamente ser conotratado para hacer labores propias del diseñador grafico actual, como por ejemplo pintar una valla de carretera de manera artesanal (y se me disculpa si se percibe ridiculamente rustico, pero es viable…) Ese artista estaria haciendo un arte para comunicacion masiva solicitado por un cliente que necesita una solucion de diseño para comunicar o vender una idea u objeto…

      La idea es, en si, como lo propone el articulo, evitar los estereotipos disciplinarios y simplemente considerar el diseño grafico una invariable rama del arte como manifestacion fundamental de la expresion humana, es una faceta mas, tan rica como cualquiera de las demas expresiones.

      Solo una cosa mas, Kailev, al artista no deberia importarle un comino si su arte es entendido o no por los demas, y si este es un esquema estereotipado de artista, debera romperse, ya que la necesidad expresiva debe ir destinada a la comunicacion… ojo, se sobre entiende que las manifestaciones formales o conceptuales plasticas pueden ser muy subjetivas, pero un objeto de arte debe entenderse subjetiva u objetivamente por el espectador o lector, debe generarse una relacion comunicativa que produzca al menos sensaciones y una sensibilidad especifica… he ahi una obra de arte, una pieza de diseño o un trabajo de masas efectivo… por eso no todos los artistas son grandes artistas, no creen? jeje o no todos los pintores son artistas, o no todos los diseñadores graficos son artistas…

  4. muy bueno gracias!
    me sirvio mucho para la realizacion de mi tesina. mi tema es ” La influencia de las corrientes artisticas desde sus inicios hasta la actualidad en el diseño gráfico”
    si alguien tiene alguna aportacion, se las agradeceria 🙂

  5. Lamentablemente, el diseño, es una de las disciplinas para la cual la historia del arte no ha envisionado un mayor acercamiento, a pesar de su conexión histórica con movimientos como el Art Noveau, Art & Craf, De Stilj, la Bauhaus, y en artistas y movimientos de vanguardia y estética contemporánea.
    El arte (según el diccionario de la RAE):
    Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.
    Y algo más escueta, la definición de diseño:
    Concepción original de un objeto u obra destinados a la producción en serie. Diseño gráfico, de modas, industrial. Pero yo me pregunto, cuando se hacen cientos de reproducciones/ Giclées de una obra de arte, no es eso acaso producción en serie? Saludos.

    • Digamos que el arte tiene tintes o procesos que al igual que el diseño gráfico buscan llegar a mucha gente, siento que la diferencia recae en el proceso mental de la creación, aunque es una percepción de cada uno de los ejecutores siempre se ha mantenido la idea de que el artista crea para sí mismo, en un proceso de tener un diálogo muy individual con cada uno de sus espectadores, juega y acepta cualquier reacción u opinión del espectador. Donde en cambio, el diseñador no puede caer en el error de que su mensaje sea interpretado de muchas formas menos la principal.

      Saludos y gracias por tu opinión.

  6. desde mi punto de vista me pareceria absurdo desligar el arte en todas sus variaciones del diseño gráfico por el simple hecho de que el no considerar y aplicar fundamentos teoricos ya anteriormente involucrados, indagados, y proyectos en pinturas inspiradas en corrientes artisticas puedo repercutir visualmente en una imágen si no se establecen correctamente. Es decir todavia hay un legado cubista, surrealista, futurista, abtrasto particularmente agregados con un toque de creativad que ya de por si forma parte de la ideosincracia del diseñor.Hay que recordar que el diseño actual es consecuencia de un conjunto de reflexiones, criticas, contradiciones, y movimientos que han influenciado veridicamente en el desenvolvimiento subjetivo del idiseñador gráfico en la sociedad.

  7. Pingback: El Diseño Gráfico: ¿Arte? | mercadeo upr

  8. Es que el arte es expresión, si lo fabricas ya pierde la escencia, es como la diferencia entre un producto artesanal y uno manufacturado….

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